Mi amigo y colega Fernando Montenegro ha puesto sus 2 últimas películas a la venta y aprovecho la oportunidad para hacerle un poco de publicidad. "Encierro" (2009) y "Cada viernes sangre" (2011) son muy buenas representantes del nuevo cine peruano independiente y ahora están al alcance de la mano para todos aquellos cinéfilos que buscan algo "diferente" que provenga de la escena local. Los interesados pueden contactarse con el realizador a través del siguiente mail: ferrmontenegro@hotmail.com A continuación, 2 secuencias de las cintas y reflexiones del propio Montenegro.
Encierro
La sinopsis de “Encierro”, habla del contenido del guión literario, una historia enmarcada en el género de terror. Sin embargo, esta película no trata realmente de fantasmas encerrados en casas abandonadas sino de una escritora encerrada en el sistema del arte, y al ser crítica, la película deja de lado las formulas del género, así, el efecto de miedo, sin desaparecer, deja de ser lo más importante. Para traer una propuesta artística, a través del simbolismo de la imagen que es donde narro el discurso soterrado, es decir, no trabajo el mero preciosismo sino un lenguaje, donde cada plano desarrolla un tema propio independiente de la escena. Quise hacer una película que no se debiera al género que la enmarca, sino a mi expresividad como autor. Dicho esto, verla superficialmente es perderse la verdadera película.
Quise hacer una película razonable partiendo de un absurdo para la cáscara: Fotografiar un fantasma. Me aseguré de que un texto al inicio del film explicara que a pesar de los montajes fotográficos actuales, la historia trataría de la búsqueda de un fantasma auténtico. (Como actualmente programas de cable y nacionales lo intentan) Así, la escritora Dafne Mendes y su grupo de amigos penetran en casas abandonadas para lograr el objetivo, siguiéndole el juego a un editor literario de baja categoría, analogía a los pedidos absurdos de quienes encabezan los medios y a los artistas que se doblegan por reconocimiento.
Cada viernes sangre
No quise hacer una película de libre interpretación sino manipular la lectura del receptor sobre los mensajes de “Cada viernes sangre”. Un texto al inicio del film explica la estilización y ficcionalización de hechos reales, es decir, al evitar la verosimilización de estos hechos, la película presenta una visión más compleja de estos, y exige quizá, no una simple lectura de los elementos, sino un análisis.
La película representa la elaboración de un crimen y experimenta. Busca verse sucia como el instinto de un delincuente. Quise que fuera una experiencia en varios niveles de expresión cinematográfica, es por eso que los planos transmiten un segundo significado, es decir, dicen tanto como los personajes, pero no redundan. La música y el elenco que elegí es otro condicionante.
Dos amantes, del sexo y el crimen, deciden asaltar una empresa, convocan a un grupo de delincuentes como colaboradores y es aquí donde la película se detiene para dar un repaso social. Recogiendo la frustración de una generación carnal e individualista, sin futuro en la clase media. La historia nos presenta personajes egoístas pero relacionados por perseguir el mismo botín y habitar en el mundo estilizado que luce la película. Un ejercicio vestido de cine negro/clase B.
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